La tecnología está cada vez más presente en la vida de la población. Hoy en día es imposible imaginar la vida sin acceso a Internet o sin un teléfono inteligente. Las nuevas generaciones, como la llamada Z, desde pequeñas ya tienen acceso a dispositivos electrónicos conectados y son más dependientes de la tecnología en las actividades cotidianas, ya sea para ver contenidos en línea, mantener relaciones interpersonales o realizar sus tareas, cómo ver las horas en un equipo digital, dejando de lado los relojes analógicos.   

 

La evolución y diversificación de las infraestructuras de TI empresariales continúan imparables, lo que sigue representando un reto para las organizaciones que aún están arraigadas a tecnologías tradicionales, puramente on-premise e incluso heredadas, por las barreras que tales condiciones imponen en su proceso de transformación digital. Por ello, lograr una óptima disponibilidad de datos y aplicaciones se ha convertido en un “must” (deber) como parte de la estrategia. 

 

La tecnología está transformando profundamente nuestras vidas. Con el efecto combinatorio de innovaciones como la inteligencia artificial, la robótica y blockchain estamos al borde de una revolución tecnológica que alterará la forma en que vivimos y trabajamos en una escala fundamentalmente diferente. 

 

Actualmente, la moneda de los negocios son los datos. Cada interacción –sea física o virtual– existente entre empleados de una misma o de diferentes organizaciones (pudiendo tratarse de clientes, instancias gubernamentales, socios de negocio, etcétera) deja un rastro de datos. El hiper crecimiento, hiper dispersión e hiper criticidad de estos datos, han ocasionado una revolución en la forma en que se realizan las operaciones en las empresas que, a la vez, están migrando hacia la Transformación Digital para mantenerse vigentes.

 

 

 

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