He leído una investigación de McKinsey & Company1 que habla sobre la nube progresiva y las nuevas estrategias de computación en la nube. Un dato me llamó la atención: alrededor del 60 % de las organizaciones entrevistadas migraron menos del 10 % de sus cargas de trabajo hacia la nube pública. Es decir, todavía tenemos mucho terreno por recorrer.

 

Las aplicaciones de software como servicio (SaaS) han conquistado el mundo de los negocios, y no hay signos de retracción en el corto plazo. Según Gartner, este mercado totalizó $ 80 mil millones en 2018 y aún predice un crecimiento del 80% hasta 2022, lo que representa un total de $ 143.7 mil millones.

 

Los datos, y sobre todo su significado y usabilidad, se han ido transformando con el tiempo. Anteriormente hablar de datos era pensar en unos y ceros, en tablas estáticas o incluso en materiales que no se aprovechaban. Hoy, pensar en datos es pensar en la fuente principal de las historias, en información de altísimo valor, es encontrar las respuestas a las preguntas que están revolucionando el mundo de los negocios.

 

 

Al inicio de una nueva década y, como es natural al concluir un ciclo, la reflexión de lo aprendido, lo alcanzado y lo que queremos lograr en un futuro cercano es inevitable. Esto no es diferente para las organizaciones, y en un contexto donde las cadenas de suministro, la relación con proveedores y socios comerciales es cada vez más estrecha, es el momento ideal para identificar qué se ha hecho bien y qué queremos mejorar con uno de nuestros elementos cruciales: el área de proveeduría. 

 

 

 

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